Perfume de mujer bonita

Foto: Cortesía de María Domerschikoff

Estimados @amigos

“Bicycle bicycle bicycle

I want to ride my bicycle”

Suena así en mi mente esta canción cantada  por Freddie Mercury, mientras veo pasar por enésima vez en bicicleta al pequeño hijo de mi vecino. Ellos acaban de mudarse, vienen de la tierra de Mandela. A veces se me olvida que no solo Venezuela está pasando momentos difíciles.

Viendo este catirito enfiebrado con su nueva bicicleta me transporta a mi Ocumare de la Costa, cuando no hace poco (casi 50 años atrás) recorría yo en bici sus calles polvorientas. Conocía a todo el mundo, parecía un político, saludando desde mi velocípedo al bodeguero, al dueño del botiquín de la esquina, y a la señora que vendía  el dulce de coco, como esa empalagosa canción: ya no eres mí… “Dulce de Coco” de Henry Salvat.

Ocumare y Bahía de Cata eran mi segundo hogar, mi refugio.

Corrían los años sesenta, era muy niño para comprender lo que estaba pasando en mi país, pero recuerdo que era una época revolucionaria y tumultuosa. En algunas ocasiones vi a mis progenitores bastante intranquilos y algo alarmados. Escuchaba  las constantes discusiones de mis padres: de que venían “los Rusos”, recuerdan esa película tan simpática que pasaron en Venezuela, en plena guerra fría “Ahí vienen los rusos”? Ya varias familias amigas Rusas habían abandonado Venezuela, después de la caída de Pérez Jiménez el 23 de Enero del 58 y otras  posiblemente se asustaron viendo la película en referencia.

Para mis padres  escabullirse hacia Ocumare era un alivio, ya que en Caracas el término “camarada” comenzaba a escucharse cada vez más. Recordemos que en Mayo del 67 fue el desembarco cubano en Machurucuto en el estado Miranda y la guerrilla estaba cerca en el cerro Bachiller.

Me recuerdo una tarde  cuando salimos en el Jeep hacia Ocumare, a nivel de la Plaza Venezuela divisamos  tanquetas de la guardia nacional. Mamá se puso muy nerviosa al ver tantos cascos militares. Después supe que el presidente Rafael Caldera ese Octubre del 69 había vulnerado la autonomía de la Universidad Central de Venezuela, cerrando sus puertas por casi dos años.

Pasábamos sin parar por la fastidiosa alcabala del parque Henry Pittier, ya que teníamos en el parabrisas delantero un cartoncillo oficial con el emblema del INOS (Instituto Nacional de Obras Sanitarias), donde mi padre laboraba como simple topógrafo. Los guardias hasta se cuadraban.

Papá se ponía detrás de los autobuses que iban y venían ruta Maracay-Ocumare. Decía que era más seguro así, por lo peligroso de la carretera. Me fastidiaba no poder apreciar la hermosa vista del parque,  los vapores diesel del autobús no me dejaban absorber el fresco olor de la niebla, pero lo que realmente me indignaba era el pocotón de basura que comenzaba a volar de las ventanas: botellas, latas y bolsas de cualquier tipo. Al final mi padre no se la calaba más y prefería “arriesgar la vida de su familia”, adelantando al patético autobús.

El día lo pasábamos por lo general en la playa publica de Bahía de Cata, luego se podía pasar pagando una modesta entrada a Cata Privada que era más chévere y yo me daba una  larga y difícil excursión por un caminito” que me llevaba a Catica. Se recuerdan de esta canción del argentino Leo Dan “Por un caminito”…decía:

“Por un caminito, yo te fui a buscar

muy lejos camine y al fin te encontré”

Un día llegando a la playa, veo un bululú en la entrada de Cata privada, inmediatamente me mezclo entre el gentío. Quedo maravillado por la cantidad de motocicletas full de cromo, veo un bojote de melenudos, barbudos  y algunas muchachas con bandanas en la cabeza. Algo pasaba, parecía una discusión y no los dejaban pasar al Club. En el centro estaban entrevistando a un personaje naciente de la radio Venezolana: Cappi Doncella. Recuerdo que él estaba comentando a la prensa, que venía a fundar y crear una comuna (palabra desconocida para mí), en esta bellísima ensenada de Cata.

Más tarde durante la cena, todo emocionado, le doy la buena noticia a mi madre: “en la playa van a fundar una comuna”.  Mi pobre madre palideció dejando caer los platos de peltre. Para ella era inconcebible que la pesadilla de las comunas soviéticas, la colectivización y campos de trabajo  la persiguieran hasta  su adorada Ocumare de la Costa.  

Así es, en esta nube de recuerdos de la Ocumare sesentosa, también nos visitaban las “Patotas”. La principal era la de las Delicias de Maracay y claro está, no faltaban las famosas patotas del Este de  Caracas.

Me quedaba extasiado viendo las motocicletas: las Triumph modelo Bonneville, las BSA, la Indian, Norton.  Había un extraño prototipo de la Laverda, un triciclo Harley Davidson parecido a los que tenían los panaderos y también los rústicos marca DKW de tres cilindros con motor de 2 tiempos, que humeaban en forma muy particular, en el cual llegaba el cacique del grupo.

La mayoría de los patoteros que cruzaban el Henry Pittier, eran tipos papeados, utilizaban botas, franelas de rayas sin manga y tenían copete estilo Trino Mora…se acuerdan: “Se tú mismo, contigo mismo, en todas partes”.

A pesar de que muchos dicen que eran tipos malos, les digo que el ruido de los motores y la pinta de matón intimidaban, pero en Ocumare en esos sesenta jamás vi peleas entre ellos.

Hacían sus acostumbrados “piques” en la recta de Cata y en frente del malecón cuando no había “tombos” (léase policía). A veces hacían lucha libre, en donde siempre extrañamente ganaba el “líder”.

Me supongo que la falta de violencia se debía a la transculturización que estábamos viviendo con la entrada del movimiento Hippie “paz y amor” de Woodstock.

Observaba que estos  pandilleros competían por una bella muchacha. Esta chica de origen Ruso se llamaba Tatiana, como mi madre. Su belleza y éxito era tema de conversación en la pequeña comunidad rusa. Se convirtió en  modelo de publicidad y yo la admiraba orgullosamente en la cuña del champú Drene y el desodorante Mistral con su slogan: “perfume de mujer bonita”. Sufría cuando Tatiana Hainal se iba con los patoteros del Country Club y me dejaba melancólico viendo las olas del Playón.

Imagínense amigos míos, la tristeza que sentí pocos años después, al conocer su trágica muerte. A principios de los setenta en una calle oscura del Country Club de Caracas, colindando con las canchas de golf,  Tatiana de  diecinueve años, iba de parrillera en la moto con Diego Risquez.

Había un punto de control, una alcabala. Ellos siguieron a alta velocidad a pesar de la orden de parar que dio la policía. Uno de los agentes desenfundo su revólver Colt modelo 10, disparando la mortal bala calibre 38(S) que tocó la nuca de Tatiana.

Desgraciadamente en ese primer periodo del presidente Rafael Caldera (1969-1974), volvieron a implementar esa frase asociada al ex presidente Rómulo Betancourt “disparen primero, averigüen después”, por esa misma razón mataron a varios estudiantes.

Tatiana Hainal fue velada en la Iglesia Ruso-Ortodoxa ubicada en Alta Vista, Catia.

Curiosamente la casa de la familia Hainal-Hartmann comparte el mismo terreno de esta humilde capilla. Me comentaron hace poco que la caída de un frondoso árbol (indio desnudo)  ha  dañado la estructura de la entrada. Lo peor es que han tratado de invadir en varias ocasiones esta hermosa casa de Dios.

Volvimos a escuchar nuevamente el nombre de Diego Risquez ese fatídico primero de Marzo de 1973 cuando se encontró el cuerpo del niño Vegas, caso que conmocionó a toda Venezuela y quedó impune como la muerte de Tatiana. Algunas amigas de ella, como Marina  Kaschkarow (ahora en EEUU)  y la modelo Tatiana Vinogradoff  tuvieron que atestiguar en el tribunal entre muchos otros.

Cuando ocurrió el asesinato del niño Vegas, la otra bella modelo Tatiana Vinogradoff (que algunos confunden con la difunta “Tatiana Hainal”), se encontraba en París con su hermana, pero al regresar a Caracas la citaron como testigo. La prensa amarillista en aquel entonces,  publicó su foto en las portadas. Las consecuencias fueron que por salir en los medios vinculada al caso Vegas, las agencias publicitarias le cerraron la puerta y no pudo volver a caminar por la pasarela, cayendo en una profunda depresión. Fue recluida en el psiquiátrico de la Habana, Cuba, donde  todavía se encuentra hoy.

Esta historia Yurassicla ha resultado muy intensa, me ha obligado hurgar en el pasado y tocar fibras sensibles. He tratado de ser lo más objetivo,  no soy escritor y mucho menos juez, aunque les confieso ha sido sumamente difícil controlar mis sentimientos de  frustración al ver la impunidad y el olvido de estos trágicos sucesos. Por esto se la dedico con mucho cariño a las Tatianas de este mundo, para que no las olvidemos.

Mi bella amiga María Domerschikoff, me prestó la histórica foto, donde ella aparece primera finalista en la coronación de Tatiana Hainal como reina en la  reunión de Cadetes rusos en el Círculo Militar.

Amigos míos, este Yurassiclas se salió del molde…faltó  la música que escuchábamos en nuestra Ocumare de la Costa, y que no era poca por cierto.

Así y todo, mi maja y guapa cuñada Cecilia, me recordó una canción que estoy seguro muchos de ustedes  han escuchado, compuesta por Henrique Lazo llamada “Latinoamericano”, pieza que fue dedicada a Tatiana Hainal, y dice así:

“Latinoamericano llora tu niño esta vez

porque  perdió su muchacha

cuando empezaba a querer”.

Un saludo YUrassico

YUra

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Abajo podrán ver un panfleto que le dieron a mi querida esposa Betzy caminando por Chacaíto en 1972, que refleja la realidad estudiantil de esa época.

Perfume de mujer bonita          Yurassiclas. Mayo 2011

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2 Responses to Perfume de mujer bonita

  1. Juan Francisco Misle says:

    Capitán,

    Una vez más nos hemos deleitado con tu entrega de Yurássiclas, siempre tan llenas de vivencias personales con las que frecuentemente nos identificamos si descontamos de ellas lo que denomino “el factor ruso” con que suelen estar espolvoreadas.

    Leyendo esas minicrónicas quedo con la impresión de que mi niñez y juventud, comparada con la tuya, fueron absolutamente “un-eventful”. Tu me has hecho entender que mi poder de observación del entorno social en el que crecí era minúsculo (era?), o quizás demasiado centrado en lo que ocurría al interior de una familia caraqueña muy grande y convencional, de la que soy el penúltimo entre 14 hermanos, y en la que no sobraban los recursos para muchas salidas a la playa, a clubes, o para la vida social que se desarrollaba más allá de las paredes de esas casas grandes en las que residíamos.

    Por otra parte tus relatos también me hacen constatar cuán plana y pobre es mi memoria de aquellos lejanos días que gracias a tu esfuerzo y talento has decidido narrar para la evocación y el deleite de tus amigos.

    Eso sí, haría yo muy mal si te dejo con la impresión de que ese cassette que llamamos memoria personal está vírgen o que ha sido dejado en blanco, o lo que es peor, que esté lleno de historias tristes o lamentables que uno quisiera olvidar o simplemente evadir. No es así, y si acaso es todo lo contrario. A diferencia tuya lo que había para mi en esa época era una cierta omnipresencia de normalidad en la que los eventos ocurrían naturalmente, día trás día, sin misterios ni atributos especiales, de acuerdo a un patrón más o menos bien definido de valores pequeño burgueses tradicionales.

    Nada comparada con la tensión en la vida de un joven nacido en Venezuela pero de sangre ruso-croata, a medio camino entre la ligereza de la caraqueñidad que lo rodea y la gravedad del espíritu ruso que impera al interior de su hogar y a la que hay que sumar modos y costumbres foráneas, y esa buena ración de miedos y esperanzas que todos los inmigrantes llevamos en nuestras alforjas cuando decidimos aventurarnos a vivir fuera de nuestros países de orígen.

    Quizás de esos factores provenga la fascinación que los relatos de YUra ejercen entre sus amigos, y en mí particularmente.

    Y por eso te doy las gracias, Capitán.

    Slds

    Juan Misle

  2. Nonna Kaschkarow says:

    Confundida, no se quien escribió este artículo pero menciona a mi hermana, amigas, Tatiana venía como fantasma por muchos años a platicar conmigo por las noches, hasta que una noche le dije que no creía más en fantasmas y nunca más regreso.. Verushka con sus padres que se olvidaron del ruso pero tampoco aprendieron el español, lugares conocidos como Ocumare de las Costa en casa de los Plotnikov …

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