La perfecta Pirouette

 

Photo: Gin Navarro (gincreative.com)

Estimados @amigos

“Yo tengo los años nuevos y mi padre los años viejos,

el dolor lo lleva dentro y tiene historia sin tiempo,

viejo mi querido viejo”.

Que letra tan nostálgica, se te encoge el corazón.

Estas líneas pertenecen a una de las primeras canciones y quizás la  más famosa del cantautor  argentino “Piero”, pieza que en 1969  inmortalizó a todos nuestros queridos viejos.

Mi viejo, Mijaíl Georgiovich, como le dicen los pocos amigos del alma, utilizando el patronímico (que es añadir el nombre del padre con la terminación ovich), de 88 años de edad, nos visitó hace poco. Viene haciéndolo ya diez años seguidos, debido a mi negativa de pisar tierra Venezolana. Esta vez, vino para despedirse, aunque él y yo no queremos aceptar esta triste verdad. Todavía en la casa está fresca su presencia y el eco de nuestras discusiones políticas y de la vida.

Otra canción que me hace recordar a mi viejo y que nos sacudió primero como hijos y ahora como padres, es: “Father and Son” del británico Cat Stevens, se acuerdan? en Venezuela empezó a sonar en 1971.

Y así fue, en una tarde aburrida con mi Viejo, evocando este clásico de Cat Stevens que comienza con ese tono ronco: 

“It’s not time to make a change

just relax, take it easy”,  

Fuimos a la biblioteca de Boca Raton a buscar un DVD para disfrutarlo después de la cena,  encontramos una película sobre Piero, perdón otro Pedro, que encumbró la música clásica y en especial el género para el Ballet… me refiero a Pyotr Ilyich Tchaikovski.

De niño tuve graves problemas con Pyotr, me disgusté con su música… y estoy seguro que ustedes me darán la razón.

En esos años de la Venezuela de los 60, mi madre me llevaba con bastante  asiduidad al Teatro Municipal y al  Teatro Nacional localizados en El Silencio. Había una buena afluencia de artistas internacionales y sobre todo la presencia soviética estaba muy de moda.

En especial íbamos a ver estos grupos de Danza y Ballet tanto clásicos como folklóricos que venían cruzando la misteriosa y fría cortina de hierro.

Nunca supe si en realidad asistíamos a estas obras por buenas o por Rusas, que al llegar a casa me motivaban a bailar el Casatchock, o porque mis padres necesitaban saber si estos artistas vivían felices bajo el yugo soviético. No sé cuántas veces mis progenitores se habrán hecho la pregunta si tomaron la decisión correcta de emigrar a esta bella Venezuela.  

Por cierto esta pieza tan alegre del Kasatchok,  la empezamos a bailar a principios de los 70, con la interpretación de Dimitri Dourakine y su orquesta Cosaca, esta pieza es una adaptación de una enérgica canción patriótica  Rusa (Katyiusha).

Varias veces mis padres invitaron a cenar a estos grupos de danza, me recuerdo en especial el grupo del ballet folklórico de Ucrania.

Llegaron a nuestra casa, desde un principio eran puras risas, chistes y alegría…no dejaron absolutamente nada en la mesa, arrasaron con todo. Me recuerdo que había dos chaperones que se quedaron afuera…mi madre me pedía que les llevara algo de comida. Eran los policías, los comisarios políticos, la KGB que cuidaban a estos artistas para que no desertaran…pero al final se integraron al grupo, no hay nada como el Vodka para romper el hielo.

Esa noche acabaron con todo el licor de la casa…vi a mi padre buscando las ultimas botellas escondidas en el closet. Me imagino que esa manía de ocultar por toda la casa, no solo botellas de vodka, debe ser algún trauma de  guerra.

A la mañana siguiente, mi viejo con enfado me pregunta: ¿qué paso con mi colonia? Me enseña su botella de un litro de “Jean Marin Farina de Roger y Gallet” completamente vacía. Increíble, estos feroces soviéticos se bebieron hasta la colonia de mi padre.

Después de ver tantas obras en ese ambiente ecléctico del  Municipal en la  zona del Silencio, tengo que mencionar a esta maravillosa canción, un clásico: “The Sound of Silence” de Simon and Garfunkel. Esta canción fue parte de la banda sonora de la película “El Graduado”. Fue años después que empecé a conocer y apreciar mejor a este dúo norteamericano…se recuerdan como comienza la lírica:

“Hello darkness, my old friend

I’ve come to talk with you again”.

Y fue seguramente allí, regresando del Silencio cuando a mi madre se le metió en la cabeza una idea descabellada, una barbaridad….la más loca de todas…: su hijo debía convertirse en un bailarín clásico y así amigos comenzó mi pelea con Pedro…quise decir Pyotr.

En casa, el sueldo de Topógrafo de mi viejo en el Instituto Nacional de Obras Sanitarias (INOS) nunca alcanzaba, pero mi madre logro becarme en la academia de Ballet-Arte, bajo la dirección de una famosa bailarina rusa Lidija Franklin. Era la escuela más importante de Ballet en Caracas en aquellos tiempos.

Más tarde se convertiría en la Escuela Municipal de Ballet, dando oportunidades a muchachos y muchachas con talento (no como yo), con pocos recursos para incursionar en esta difícil disciplina como lo es la danza clásica.

Y así es, comencé a estudiar Ballet…era el único del género masculino rodeado de esas criaturas etéreas, extrañas y complicadas que llaman: niñas.

Tuvieron que acomodarme un pequeño espacio en el sótano de la casa ubicada en las Palmas, ya que solo había un vestuario y baño para las bailarinas. Tenía que usar una panti- media de color blanco que por ser tan apretada me costaba como 5 minutos en ponérmela, estaba un poco gordito según las viejas fotografías. Luego me vestía con un top negro de nylon y claro está con unas zapatillas blancas (sin punta) de ballet. Por alguna extraña razón cuando entraba al salón de ejercicios estas diablillas, perdón, chiquillas etéreas comenzaban a reírse.

Los ejercicios en la “Barre” comenzaban con los plies en primera posición de pies, segunda, cuarta y quinta…luego seguíamos con otros movimientos básicos del ballet cuidando siempre la postura: estiramientos (etendre), girar (tourner), elevar (relevé), saltar (sauter), deslizar (glisser) y los degages entre otros, todo bajo la estricta mirada de la profesora Lidjia.  Como pueden observar, el Ballet sirve además para aprender francés.

Mi mayor problema no era la bochornosa clase de Ballet, sino como retornar a casa sin ser descubierto por los amigotes y  llegar a tiempo para ver por televisión “Mi marciano favorito” y la serie de dibujos animados “Las aventuras de Jonny Quest”.

Debo haberme quejado mucho y mi madre se apiado de mí, convenciendo a una muy querida amiga a que inscribiera a mi compadre Andrés en estas inolvidables clases.

Lamentablemente  no se la calo mucho tiempo y hasta el día de hoy, más de 40 años después  nunca hemos tocado este  tema.

Me dio clases por un tiempo, uno de los mejores bailarines que ha habido en Venezuela: Vicente Abad,  que con su personalidad y buen humor hizo más llevadera esta pesadilla.

Claro está, participe en varias obras de Pyotr  Tchaikovski, en el Cascanueces hice un Pas de Deux, en el Lago de los Cisnes un Brisé de Volé  y  en la Bella Durmiente hasta tuve la oportunidad de hacer un Cabriole, que es una especie de salto hecho únicamente por los hombres, moviendo las piernas como una tijera en un determinado ángulo.

Finalmente, escribiendo este Yurassiclas, me he dado cuenta que he hecho las paces con Pyotr.

Y así es, amigos, cuando los veo bailando,  me impresiono de la calidad y ritmo que tienen  todos ustedes. Por acá en Boca tenemos unos que bailan Salsa muy bien, otros Merengue y hasta hay un gran aficionado de la NASA que baila el difícil paso de Michael Jackson “el Moonwalk”… lo tenemos grabado en video como prueba.

Para disgusto de Betzy nunca quiero salir a la pista, quiero que entiendan que no es el por el trauma de las clases de Ballet, y pido  excusas por no bailar en sus animadas fiestas….pero en el fondo  la verdadera razón queridos amigos, es que si salgo a danzar y hago una perfecta “Pirouette” ¿cómo van a sentirse ustedes?

Un saludo YUrassico

YUяa

Aquí pueden ver un ejemplo simpático:  http://www.youtube.com/watch?v=ozkqeSMXu3Y

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