Salvador…Mata

Estimados @amigos

El  corazón se acelera, explota a la velocidad de la nave Enterprise, mi mente empieza a parpadear como una luz láser, como la señal de un semáforo cambiando a tonalidades desconocidas. Oigo música inexistente del grupo The Doors: “Riders on the Storm”. Advierto ardor corriendo por mi sangre, siento que el demonio está dentro de mí ganando esta pelea: “que me estás haciendo,  vas a salirte con la tuya?”.

¡Que repugnante!

Una gota de sudor resbala por mis lentes bifocales, estoy atrapado, aterrorizado, no puedo respirar, dejo de percibir los olores, estoy desorientado, mi brazo izquierdo empieza a doler y las alarmas se disparan a través de mis poros.

Si! …voy a tener que correr otra vez en esta carrera..en esta caminata de la vergüenza. Que humillación… otra vez.

Llego donde Betzy, detecto sorpresa, luego resignación y veo en las pupilas de ella el reflejo de mi pánico. Balbuceo: “tengo un ataque al corazón”.

Momentos antes estaba tranquilo, recogiendo limones en la casa de playa de mis queridos suegros en Flor de Mayo, Rio Chico cuando el corazón comenzó con el:

“tiqui tiqui taqui

titá tiqui taqui tá”..como dice la canción de “Barlovento”.

Recogemos a toda prisa, corriendo hacia la seguridad de la ciudad, dejando atrás la tierra ardiente del tambor.

Ese domingo, en la cola de Tacarigua, estaba seguro que mi muerte vendría  en segundos, antes de la inútil alcabala de Caucagua.

Entramos por emergencia al Urológico de San Román, la opinión del médico de guardia después de haber escuchado mi cuento sobre la generosa y frondosa mata de limón, fue: un golpe de calor. Regalé unos limones grandes, verdes, jugosos al personal de enfermería después de tranquilizarme con un brebaje de electrolitos sabor a cítricos y claro está, aquí tengo que mencionar esta acida canción que escuchábamos una y otra vez a principios de los setenta, cantada por el ex integrante de los Impala: Henry Stephen..”Mi Limón Mi Limonero”…siempre me acuerdo cuando cantaba:

Aaayayai, limones para chupar.

Así comenzó mi calvario, el cual me acompaño durante  tres largos años.

Estas situaciones anómalas empezaron a ser recurrentes, me agarraban fuera de base, no había señal de advertencia. Los latidos cardiacos rápidos, me entumecían, me sentía al borde del precipicio, me convertí en una piltrafa humana siempre esperando a ese demonio inexistente.

Esta inseguridad afectó mi trabajo, me negaba a viajar en avión y hasta llegue a no poder manejar por el terror de quedar atrapado escuchando “Simpatía por el Diablo” en plena cola de Caracas.

Conocí todas las salas de urgencia de nuestra capital y también visite a algunos médicos, uno detectó un prolapso en mi válvula Mitral (la que está entre la aurícula y el ventrículo izquierdo del corazón). Otro, un cirujano, me explicó que eso era fácil de arreglar, sustituyendo esta válvula  por la de un cerdo.

Un tercero, después de una batería de pruebas, me dijo que estaba completamente sano y hasta escribió eso en una nota, la cual guardé en mi cartera por muchos años y aun  la conservo en alguna de mis gavetas, en la cual certificaba que estaba físicamente sano.

Haciendo referencia a los cardiólogos tengo que hacer una pausa, porque entre las miles de canciones dedicadas al corazón y sus malestares hay una muy romántica de los australianos:

The  Bee Gees “How Can You Mend a Broken Heart (Como puedes curar un corazón herido). Esta balada salió en el disco Trafalgar que empezamos a escuchar en Venezuela en 1971. Una estrofa dice así:

 “¿Cómo puedes reparar a este hombre roto?

¿Cómo puede un perdedor alguna vez ganar?

Por favor, ayúdame a curar mi corazón roto

Y déjame vivir de nuevo”.

 En un viaje entre Heathrow-Caracas, después de una taquicardia a más de 30.000 pies de altura, abrochándome fuertemente el cinturón, pidiendo otro whisky, para evitar irrumpir en la cabina de los pilotos, decidí  hablar con los cuñados. No con el grupo musical en donde figuraba Carlos Morean, sino con dos excelentes médicos, que realmente son mis cuñados. Especialmente conversé con Miguel, un tremendo profesional, le pedí consejo con mucho embarazo porque se me había zafado un tornillo, la locura me consumía y hasta deje de escuchar a esta banda británica, los padres del Heavy Metal “Black Sabath”, en especial su éxito  “Paranoid” de 1970.

Me recomendó ir a visitar a Salvador… un colega.

Llego temprano en la tarde a su consultorio, medio escondido…solo me faltaba ponerme un bigote falso y un sombrero. El mismo estaba ubicado en el Centro Clínico en San Bernardino exactamente en el piso 13, que buen presagio…estaba solo su recepcionista. De repente entra un individuo, parecía caído de la mata,  tenía la corbata torcida, la camisa desabotonada y casi no podía respirar por el esfuerzo realizado. Resulta que justo después de yo salir del ascensor este se dañó y el pobre Doctor  tuvo que  subir los 13 pisos por la escalera. En ese momento pensé que el Dr. Salvador Mata venia a matar y estuve a punto de salir pitado.

Después de entregarle una carpeta voluminosa con  todos los análisis de mi pobre corazón, comienzo a  echarle el cuento de mis pesares.

El psiquiatra me interrumpe a los 5 minutos y me da tres extractos de historias médicas, una de un militar, otra de un comerciante y la tercera de una ama de casa, claro está, sin sus datos personales. Bingo! los cuatro teníamos exactamente los mismos síntomas.

El Dr. Salvador, me dijo que no me preocupara, que mi mal no era mal de amores, sino un desbalance químico cerebral que me producía los Ataques de Pánico. Aquí,  no sabía que era mejor, si el prolapso de la válvula mitral o este nuevo diagnóstico.

Me recetó un par de drogas y me aseguró que en un par de meses iba a estar bien.

Y así fue, mis fieles lectores, el Dr. Salvador Mata no solo me curó, me liberó de mis demonios y me salvo del apocalipsis. Estoy agradecido a este salvador que volvió a poner orden en mi vida, nunca le di las gracias, porque así es la vida.

Definitivamente después de estos tres años oscuros de Ansiedad (solo puedo mencionar brevemente a Chelique Sarabia, porque estoy pasado de éxitos musicales en esta narración), en que mi vida diaria era un suplicio, empecé a comprender un poco más a los locos, a tenerle cuidado y aprender a diferenciar las alarmas reales de las intangibles, término que estudiamos en Contabilidad I para clasificar los activos en un balance.

Las alarmas y las señales de advertencia más peligrosas y difíciles son las que uno no quiere reconocer,  y así fue amigos míos, esta vez con un poco más de canas a finales de los años 90, unas nuevas señales surgieron. No me agarraron desprevenido ni fuera de guardia como a mis padres y en especial a mis abuelos en la Rusia del Zar, cuando una filosofía caduca, perdedora  me abrumó con sus delirios y complejos. Cuanto miedo da salir, atravesar este mar, y no precisamente el de la felicidad.

Para terminar esta breve historia sobre los locos, tengo que recordar esta canción y una de las mejores interpretaciones de María Conchita Alonso..era mi diva hace muchos años con su tema La Loca (1984), la canción comienza con esta línea:

 Dicen por ahí más bien que estoy un poco loco….

 Saludos YUrassicos

Yuяa

Salvador…Mata.    Yurassiclas. Febrero 2011

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