Cuando las calles no tienen nombre

 

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Estimados @amigos

Leyendo una encuesta sobre los mejores libros del 2010, publicada por la revista cultural del periódico El País de España, me encontré con el título de un libro que me llamo la atención. Entre los libros ganadores, claro está, se cita “El sueño del Celta” del reciente premio Nobel nuestro admirado Mario Vargas Llosa; pero también está una novela del francés Jean Echenoz autor del cual no he leído nada y cuyo título es “Correr”.

Esta biografía novelada trata la vida de uno de los mejores corredores y maratonistas de todos los tiempos, el checoslovaco Emil Zapotek que en su época lo llamaban “La locomotora humana”. Dicen que tenía una forma extraña de correr y cambio la percepción que en ese entonces se tenía del maratón. Según la novela, se consideraba esta disciplina solo para atletas excéntricos, perdedores y solitarios.

Este atleta ganó 3 medallas de oro en carreras de fondo de 5K, 10 K y el maratón en las olimpiadas de Helsinki en 1952 y tuvo una vida muy particular.

Esta mañana, cuando el silencio me llamaba, trotando y tratando de alcanzar las imposibles marcas de Zapotek en el enorme parque que tenemos en frente de la casa, aquí en la “Ciudad de la Furia”, perdón en Boca Raton, recordé mi querido, amado y único Parque del Este, que este mes de Enero del 2011 cumple 50 años.

Por cierto, que canción tan buena del grupo Soda Stereo, con esa letra un poco gótica e influenciados por el grupo británico The Cure…fue uno de sus primeros éxitos en 1988.

Una estrofa dice así:

“Me veras volar, por la ciudad de la furia

Donde nadie sabe de mí

Y yo soy parte de todo”.

Considero que el Rock Latinoamericano subió a otra categoría con esta canción y en especial con este grupo argentino.

De chamo me llevaban al Parque del Este y luego yo lleve a mis hijos cientos de veces. Cuando podía los sábados y domingos trotaba dándole tres vueltas que son 7.5 Kms. A veces encontraba una fémina trotando, yo no la pasaba, disfrutando más del ejercicio, dejando volar mi imaginación.

En aquella época había pocas mujeres trotadoras, las mejores corrían antes de las 9 de la mañana y no se ponían perfume. Hoy en día  hay más mujeres dedicadas a esta actividad, pero al pasar por sus velos perfumados diferencio la verdadera deportista de la devoradora de hombres.

En mi recordado Parque del Este,  después de trotar, bajaba las pulsaciones del corazón viendo las jaulas de los pájaros y el área de las nutrias, por cierto una tenía el ojo blanco, parecía enferma de cataratas.

Temprano en la mañana con la brisa fresca y el sol naciente, se producía un momento mágico, gracias a los aromas de las flores, árboles, sobre todo los de la totuma y el hermoso paisajismo de este bello parque. Hasta tenía un locker alquilado para poder cambiarme después de darle varias vueltas al parque. Aquí tengo que parar de correr y mencionar este gran éxito que escuchábamos en 1972 del Grupo Chicago: Saturday  in the Park…que canción tan alegre y positiva!

El Parque del Este era bien chévere, era un refugio. En el lago aprendí a remar, en el estacionamiento a patinar y en el Planetarium Humboldt a identificar las estrellas y hasta asistí a un espectáculo psicodélico de rayos laser con música de Pink Floyd y Emerson Lake & Palmer, fue unas de las raras veces que vi abierto el parque de noche.

Siempre me llamo la atención que había una estación de la Guardia Nacional y cuando era muchacho la guardia patrullaba el parque a caballo…luego deje de ver los jinetes, me imagino que los equinos habrían muerto. Estoy seguro que la presencia de la guardia era por la cercanía a la Casona y al Aeropuerto de la Carlota. Se rumoreaba que había un túnel secreto de escape para los presidentes. Cada vez que pasaba por esa zona militar me imaginaba que iba a salir el recientemente fallecido Carlos Andrés Pérez en chores de deporte a correr conmigo…como pueden ver fui influenciado con ese slogan de “ese hombre si camina”, de verdad no me imaginaba a Lusinchi, Caldera o Herrera Campins salir de allí. En diferentes oportunidades acompañe a los reclutas de la casa militar… vestían de blanco y años después usaban un mono de color vino tinto…trotaban bastante lento y no tenían los zapatos adecuados…a los castigados los ponían a trotar con las botas de combate.

Muchas tardes me escapaba del trabajo cuando caía lentamente el sol, iba al parque mientras  la ciudad se difuminaba y volvía a encontrar la paz que el día me negó (estrofa de la canción del abuelo del Rock español Miguel Ríos, “El Parque”).

Aunque no hay una canción dedicada al Parque del Este, tengo que hacer un paréntesis porque hay que mencionar un himno escrito para todos los parques del mundo “MacArthur Park”…se recuerdan amigos? Fue un exitazo en 1968 cantado por Richard Harris. Luego 10 años después en 1978 Donna Summer hizo un excelente cover de la misma, para mí una de las mejores versiones fue la del trompetista Maynard Ferguson.

Empecé a trotar en el parque de adolescente, me recuerdo que mis primeros zapatos eran unos Keds y luego unos Didaven, también habían unos Rex, pero eran muy duros. Después del 83 por el control cambiario le pedía a todos mis amigos que viajaban a EEUU, traerme un par de zapatos…allí empecé  a conocer los New Balance, los mejores hasta hoy en día…esto suena a cuña de Pedro Penzini Fleury.

En el Parque del Este había un grupo de trotadores serios, lástima que nunca me encontré con el  inigualable Pedro Penzini.

Que programa tan bueno tenía el Sr Fleuri, trataba siempre de escucharlo cuando me regresaba tempano a casa de 6 a 8 PM por la FM 99.9 , me tranquilizaba al manejar con sus comentarios y sobre todo como él decía con la mejor música de los 60, 70 y 80 y aprendí cosas interesantes. Siempre tomaba en serio sus consejos de ejercicios y nutrición  para correr mejor. Me compraba todas las pepas y brebajes que él recomendaba, cuando hablaba de la vitamina C, me paraba en la primera farmacia y la adquiría efervescente, sabor a naranja marca Cebion de la Sandoz, también el Ginseng, Ginkgo Biloba, que según el curaba todos los males y las capsulas de aceite de pescado entraron en mi dieta diaria. Menos mal que no existía el Viagra, porque estoy seguro que lo hubiera comprado también. Mi única observación era que repetía demasiadas veces la canción un poco aburrida de Dean Martin llamada “Everybody Loves Somebody”…quien sabe, seguramente se la dedicaba a un ser querido.

Toda mi vida el correr como un lobo estepario me ha limpiado mi mente, me hace pensar y escribir estas raras divagaciones que he hecho últimamente. Ya no corro solo, Betzy, mi querida esposa acaba de romper la difícil pared psicológica de los 5 K, y eso la tiene muy motivada.

Amigos míos los invito a comenzar a trotar o por lo menos a caminar y hacer más ejercicio este 2011, se van a sentir más sexis y positivos.

Y aquí recordando a mi querido Parque del Este en su quincuagésimo aniversario y comparándolo con el de la ciudad de la furia, la única similitud que encuentro, es que sus caminerías no tienen nombre y por esto quisiera mencionar para despedirme de ustedes , este increíble tema del grupo Irlandés U2  de nombre: “When the streets have no name”..Cuando las calles no tienen nombre.

La primera estrofa canta así:

“I want to run

I want to hide

I want to tear down the walls

That hold me inside

I want to reach out

And touch the flame

Where the streets have no name.”

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Un gran saludo Yurassico a todos ustedes

YUra

Cuando las calles no tienen nombre… YUrassiclas . Enero 2011

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One Response to Cuando las calles no tienen nombre

  1. Sonia says:

    YUra tienes razón, el Parque del Este era un refugio. A nosotros los caraqueños “adultos contemporáneos” y mas jóvenes, nos llevaban de chamitos, era y no se si lo sigue siendo un bello parque jardín y todo el paisaje más bello aun con El Ávila de fondo dependiendo de donde se mire claro. Allí pasamos parte de nuestra infancia con los padres o abuelos, luego de adolescentes con los compañeros de liceo y después para ponernos en forma trotando o corriendo, pero para meditar o cualquier cosa también, de verdad que era así como mágico, uno salía de allí como cargado de energías positivas.

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