Las Cenas Kubrick

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Estimados @amigos

Después de estar casado por más de 30 años con la misma mujer, ustedes saben, esa relación entre dos personas en la que una siempre tiene la razón y la otra es el marido, uno se llega a conocer  tanto que basta una mirada o simplemente un silencio para comunicarse.

Como pareja, no es que hablemos poco, simplemente creo que después de tantos años uno se conoce. La comunicación  evoluciona o involuciona y uno empieza a desarrollar un lenguaje propio y hasta secreto con una mezcla de sonidos y palabras con otro significado que otros no logran comprender, fuera de nosotros dos.

Escribiendo sobre este tema, me trae a la memoria esta famosísima canción de este talentoso cantante y compositor Gilbert O ‘Sullivan con su canción “Matrimonio”. De verdad hacer una canción tan alegre sobre el matrimonio, merece un homenaje. En los 70, la agrupación musical Los Tres Tristes Tigres, hicieron un buen cover o versión de esta balada. Comenzaba así:

“Quizás sea pronto

Pero yo me quiero casar”.

También a principios de los 70 salió al aire una canción, suave, algo inocente que sirvió para bailarla en un ladrillito “When we got married”  del grupo Fruitgum Company.

Estas canciones son más viejas que mi matrimonio, pero con ellas quería recordar, todas estas cenas, fiestas y reuniones, en que tuvimos momentos extraños, situaciones bizarras o más bien fuera de lugar, algunas veces cómicas otras veces trágicas. Desde hace mucho tiempo, Betzy y yo, bautizamos estos escenarios en nuestro idioma secreto con el término de “Cenas Kubrick”.

Como pueden observar, fui influenciado por Stanley Kubrick y su película “La naranja mecánica”. Vi la película cuando tenía unos 15 años y por ser menor de edad entre coleado en el Cine Auto del Este. Esta película me hizo una marca profunda, primero por lo extraña, rara y por la cantidad de palabras rusas modificadas, creando un lenguaje codificado entre el grupo de malandros. Por ejemplo tomaban leche y le decían moloko (es ruso y se pronuncia malako), también el bar se llamaba Korowa, que significa vaca, sus amigos eran los droguis, en ruso drug se traduce como amigo…esto me dejo con la boca abierta. Pero lo que más me impresionó fue la música. El encontrarme de frente a Beethoven con la novena sinfonía fue una revelación, además de escuchar en algunas partes de la película el sonido inconfundible del Moog (precursor del sintetizador) interpretado por Walter Carlos.

Nunca he sido admirador de la extensa novena sinfonía pero los movimientos que escogieron, sobre todo la parte de un movimiento “molto vivace”, como decían los Le Luthiers es  extraordinario.

En la cinta original el director de la novena sinfonía es el excepcional Zubin Mehta, en casa de mis padres lo teníamos en varios discos LP 33.

Y fue allí, en casa de mis progenitores, un sábado 7 de enero de 1984, celebrando la Navidad Rusa con mis queridos suegros, cuando sonó el teléfono que desencadenó nuestra primera cena Kubrick.

Siempre celebrábamos la nochebuena según el viejo calendario Juliano, ya que la Iglesia Ortodoxa rusa se guía por él. Hay una diferencia de 13 días al calendario moderno (Gregoriano), por la cual se rige el resto del mundo occidental.

No nos regalábamos nada, pero solo sentarse a degustar los platos que por varios días preparaba mi madre era una tradición deliciosa y que añoro con toda mi alma. La mesa estaba llena de exquisitos entremeses “zakuski”, para acompañar el vodka, cuyo significado en español es “agüita”.  Mis favoritos eran los arenques ahumados (seliodka) y caviar negro encima del pan negro (cherny jleb), los huevos rellenos. Como platos principales estaban la ensalada rusa, los “golubtsí” (hojas de col rellenas de carne con arroz), el pastel de hojaldre con repollo y el inigualable pernil con rábano blanco picadito…que te hacia llorar. Y en la nevera nos esperaba esa gloriosa y sabrosa torta de caramelo de nombre Dobosh (receta que trajo mi madre de la antigua ex Yugoslavia).

Como ustedes imaginaran el vodka corría como el Rio Orinoco perdón quise decir el Rio Volga.

La tradición de beber Vodka sigue un proceso específico y no quiero aburrirlos mucho con este tema. Básicamente los vasitos de todos los que están sentados alrededor de la mesa deben estar llenos, entonces alguien propone un brindis, la gente choca los vasos, dicen “Nazdarovie” (salud) y beben sus bebidas. Todo el mundo debe apurar su bebida hasta el fondo. De otro modo significa que no se apoya el brindis. La siguiente ronda llegará en 5-10 minutos después.

En esa navidad Rusa, entrándole a la segunda botella de Stolichnaya, de pronto suena el teléfono, rompiendo ese grato ambiente de fiesta y alegre conversación. Clarita, la hermana de mi esposa Betzy, llamaba para notificar la sorpresiva muerte de Tío Ricardo o mejor dicho, en alemán, Onkel Richard (hermano mayor de mi querida suegra). Hombre solterón, inteligente, solitario, había sido encontrado muerto en su apartamento por la conserje.

Un silencio arropo la mesa, casi se podía escuchar la evaporación del alcohol. Mi suegro, hombre decidido y de fuerte personalidad, dijo: “Ahora no podemos cambiar ni hacer nada…brindemos por Onkel Richard” y mi padre lo apoyo con otro brindis: “por los que ya no están con nosotros”. Mi suegra callada con lágrimas diluyéndole el vodka, y el reloj de la esquina sonando como un tirano, gobernando el tiempo. Un minuto no se hace más largo, solo porque un hermano o tío haya muerto, solo lo parece. La velada ya no era la misma, se había convertido sin saber en nuestra primera cena Kubrick.

Cual hada madrina, mi madre trajo el postre, la torta Dobosh, para acelerar estos incomodos minutos interminables  y rápidamente acabamos con la tercera botella de Stolichnaya.

Nos despedimos todos a la antigua usanza Rusa con 3 besos en las mejillas.

Los suegros se montaron en su Mercedes blanco y nosotros en nuestro Jeep, los seguimos algo preocupados por el índice del alcohol en la sangre alemana del suegro. Cuando llegamos a la Plaza Altamira bajando por la Luis Roche, dirección Sur donde se estaba construyendo la estación del metro, el suegro en vez de cruzar la Francisco de Miranda, se pega a la izquierda y comienza a darle vueltas  a la plaza Altamira, y vueltas y vueltas al famoso Obelisco como un “Carrusel” o como dicen los españoles un “tiovivo”,  pero tío Ricardo estaba muerto.

A la tercera vuelta, haciéndole señales con las luces, finalmente la centrifuga se rompe y agarran el camino correcto, llegando sanos y salvos a la casa.

Siguiendo en silencio a mis suegros en este recorrido triste y sin sentido, solo faltaría que por la radio pasaran la famosa canción del ex Beatle Paul McCartney de 1971 “Uncle Albert”:

“We’re So Sorry Uncle Albert

We’re So Sorry If We Caused You Any Pain

We’re So Sorry But We Haven’t Heard A Thing All Day

We’re So Sorry Uncle Albert

But If Anything Should Happen We’ll Be Sure To Give A Ring”

“Lo Sentimos mucho Tío Ricardo

Lo sentimos mucho si te hemos causado algún dolor”

Esa noche nació en nuestro lenguaje matrimonial la palabra y su significado: Cena Kubrick

Muchas más estaban por venir en estos treinta años….Por eso queridos amigos, cuando en alguna cena o reunión oigan que susurramos el nombre Kubrick…preocúpense.

Un saludo Yuяassico

YUяa

Nota: Aquí tienen un pedacito de la película. Un breve resumen con la novena sinfonía:

Las Cenas  Kubrick… YUrassiclas de Octubre 2010

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One Response to Las Cenas Kubrick

  1. Victor Mion says:

    Yura, que placer y mas poder leer esas confidencias psicotomimeticas de vuestra vida, amasada con muy buena musica y muchos tipos de bebidas espirituosas.
    Seguire leyendo lo que vas escribiendo. Un beso a Betzy y a los muchachos… si ya se, pero siempre seran eso, los muchachos y muchachas…
    Te invito ademas a leer mi blog, es de otro tipo, politico y acido, http://www.vmreporte.blogspot.com
    Sin mas, un abrazo.

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