El Impala Verde

 

Photo: Gin Navarro (gincreative.com)

Estimados @amigos

Íbamos los dos al anochecer

Oscurecía y no podía ver,

Yo manejaba iba a más de cien

Prendí las luces para leer.♪

Había un letrero de reducir velocidad, el cual pasamos con precaución y allí estaban a estribor, las luces azules de la inquisición.

Reduje la velocidad y baje el volumen del IPod, ya que el palo de agua exigía atención.

Como siempre, cuando manejo por la autopista I-95 voy con ayuda de mi GPS, no me refiero a esta Gran Persona Siempre a mi lado, mi bien orientada esposa, sino al Global Positioning System. Me cambie de canal como buen capitán y como lo exige la ley para conducir en Florida. Estas luces estroboscópicas de color índigo a estribor hay que tenerle culillo.

En el lenguaje del mar decimos “estribor” a la derecha. Hay una regla básica internacional para evitar colisiones en alta mar, en términos marinos se llama evitar el abordaje. Todo buen capitán conoce esta regla que dice: cuando te encuentras con un barco que te viene de frente o un lanchero pasado de palos, siempre tienes que virar a estribor o sea a la derecha a fin de evitar una tragedia.

Desconfíen de todos estos capitanes que quieren llevarnos a babor o la izquierda, tomando esa ruta torcida que nos puede llevar al naufragio.

Una de las primeras compras que hice al llegar a los EEUU, fue un GPS y la razón eran mis constantes despistes. En este país también he perdido el norte en varias ocasiones, ya que en vez de concentrarme en la estrella Polar y poner rumbo al horizonte como buen navegante, me he extraviado por varios años, siguiendo la constelación de la “Casiopea”.

A falta de cerros y montañas aquí en Boca te desorientas y no sabes si vas al Norte o al Sur. En Caracas no había pérdida por el majestuoso cerro El Ávila que se podía divisar  prácticamente desde  todos los rincones de la ciudad. Se recuerdan de una de las primeras canciones de Ilan Chester, que la dedicó al Cerro Ávila en 1983. Comenzaba así:

“Voy de Petare rumbo a la Pastora

Contemplando la montaña que decora a mi ciudad”.

Esta autobahn I-95,  siempre me ha impresionado por el movimiento que hay a cualquier hora. Para mí las autopistas siempre van de la mano con las canciones viejas…son como el tiempo, siguen y siguen sonando. Esta I-95 que llega a cruzar 15 estados en la costa este, tiene zonas, donde hay 6  canales más dos de hombrillo, tanto para el Norte como para el Sur, haciéndola gigantesca. No me he podido acostumbrar, no solo por la anchura de la vía, sino porque en los 6 canales la gente va a más de 100 km por hora, pareciera que todos tienen mucha prisa por llegar al pueblo donde vivimos: Boca Raton.

En aquella oportunidad eran las 2 de la madrugada y había bastante  tráfico, uno se pregunta que hace toda esta gente en la inmensa I-95 a esta hora?

En Caracas, exceptuando la Av. Principal de las Mercedes  y el trafico ocasionado por algunas arepereras en la Av. Rio de Janeiro, en la madrugada todo estaba quieto, a veces la Prados del Este no tenía un solo carro. Subíamos por la carretera vieja de Baruta para llegar a casa, siempre con mí revolver pegado al tobillo.

Estas luces azules que avistamos, las conoce todo el que vive en EEUU, ya que los únicos que pueden utilizarlas es la policía. Aunque estoy  limpio de multas por infracciones de tránsito, los muchachos ya saben por sangre propia lo que significa ver por tu retrovisor en la popa estas luminiscencias, que presagian una multa de US $ 200 o más.

Finalmente cuando llegamos al nivel de los resplandores, vimos dos patrullas de la policía, que habían parado un carrito de Golf. Estas luces le daban un tono fantasmagórico al vehículo detenido y hacía ver al conductor del coche más pálido y viejo.  Que estaba haciendo un carrito de golf a 10 km por hora en la I-95 dirección norte a las 2 de la madrugada?  La situación era cómica, surrealista, nos reímos por un buen rato.

Esto me hizo recordar  un viaje a Venezuela en Julio del 2001, en que fui solo para finiquitar la venta de nuestra preciosa casa en Santa Inés.

Llegue al aeropuerto de Maiquetía, y subo en un taxi por la autopista Caracas-La Guaira.

En la primera cola pasando el peaje, en plena subida hacia la capital, nos encontramos con un  viejo Impala verde, no se confundan, no era ese Antílope que solo existe en las sabanas africanas, ni tampoco eran los Impala, ese grupo de Rock Venezolano que impulsaron la música pop en los sesenta…..amigos, era un Chevrolet Impala de color verde oxidado  que iba subiendo por esta vía en retroceso.

Al principio no podía creer lo que estaba viendo, la pericia de este conductor era pasmosa, seguramente se le había dañado el Drive y solo funcionaba el retroceso. Me reí bastante con el taxista, después más adelante en otra cola justo a nivel de la entrada del túnel Boqueron I, nos pasa nuevamente el viejo Impala verde en retroceso por el canal del medio, sin ningunas luces azules, rojas, amarillas siguiéndolo. Ya no me parecía tan cómico, y menos mal que no llovía. Espero que el conductor de este Impala verde haya llegado sano y salvo, sin ocasionar ningún accidente.

Aunque ambos casos, el del carrito del Golf y del Impala verde parecen graciosos, la tragedia de cada uno de ellos es tan distinta como el Norte del Sur.

Ojala amigos, nunca me toque manejar un carrito de golf en la autopista o un Impala verde en retroceso.

Esta tarde vi llover, vi gente correr y no estaban ustedes (Armando Manzanero)

Saludos YUrassicos

YUra

 El Impala Verde     YUrassiclas  Agosto 2010

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