El Chivo y los Huevos Chimbos

 

Estimados @amigos

 Hace unas semanas, nos invitaron a cenar  en Key Biscayne, unos amigos de Venezuela, gente extraordinaria como todos ustedes.

Para llegar a su casa, hay que atravesar el puente que conecta la ciudad de Miami con la isla de Key Biscayne, es toda una experiencia psicotomimética. En ese atardecer mágico del nueve de Julio del 2010 cruzando este viaducto que tiene en total unos 8 kilómetros aproximadamente,  liberé un poco mi mente. Por cierto se acuerdan de esa balada de oro de 1972 de Trino Mora: Libera tu mente. El coro cantaba:

“Libera pues tu mente

No bajes más la frente

Ve siempre hacia adelante, nunca atrás”.

Ver los mástiles de los veleros, las playas, gente en bicicleta, las muchachas bonitas  y algunas viejitas como a mí me gustan, trotando en las aceras del puente, me llevaron a recordar cuando de soltero, iba a trabajar a Maracaibo. Me tocaba auditar regularmente un grupo de visitadores médicos en el Estado Zulia, que eran nuestra fuerza de venta en la empresa donde laboraba.

En la primera oportunidad que se presentaba, les pedía a estos visitadores médicos, cruzar el puente sobre el Lago de Maracaibo. Desde el punto más alto del puente, el paisaje era un espectáculo, abría mi ventana y ese aire salino te engomaba el cabello. Este puente fue inaugurado en 1962 y por casualidad tiene casi la misma longitud que el puente que comunica Miami con Key Biscayne. Considero que tengo una obsesión con los puentes, porque siempre quiero cruzarlos, sería interesante conocer la opinión de un psiquiatra.

Hay pocas canciones dedicadas a los puentes, de niños silbábamos esta marcha del puente sobre el rio Kwai, pero sin duda alguna  hay un clásico de 1970 de Simon & Garfunkel “Puente sobre aguas Turbulentas”. (Bridge over troubled water), y sé que más de un corazón de ustedes cruzó ese puente. Una estrofa dice:

“Cuando son adversos los tiempos

Y amigos ya no se encuentran

Como un puente sobre aguas turbulentas, me tenderé”.

En Maracaibo cruzar el puente para mí era un desahogo, una sensación de libertad, pero les digo los mejores puentes siempre han estado en Venezuela, eran un bálsamo el Puente de Semana Santa y el Puente de Carnaval, así mismo los elevados provisionales de los Ruices, Chacaíto y Altamira funcionaban siempre muy bien.

Comenzaba mi auditoria tempranito, agarrando el primer avión pa’ Maracaibo que salía del terminal Nacional. No conozco mucho la historia de la aviación, porque le tengo miedo a los aviones, pero creo que en ese entonces la línea pertenecía a la familia Boulton, nombre que sonó muchos años en mi juventud. El vuelo duraba exactamente una hora y a los 30 minutos las simpáticas aeromozas, esas mujeres inalcanzables, te daban un vasito de jugo de naranja. Este juguito lo tomaba hasta la última gota, ya que no teníamos estas botellitas de plástico con agua, que ahora todo el mundo carga hasta en el carro. Siempre quise llevarme una cantimplora tipo Boy Scout que tenía en casa, la cual usaba en mis paseos al Ávila, pero el decoro no me dejaba.

A pesar de que soy caraqueño, considero que Maracaibo siempre ha sido una ciudad como más auténtica, su gente, su idioma, su arquitectura y su aire acondicionado. 

Igual como los médicos, mi auditoria en cobranzas invariablemente tropezaba con algún detalle, como cheques post-fechados. Cuando esto sucedía, me llevaban a mi taguara favorita a comer pescado frito en una zona llamada La Cañada…sin duda alguna mi reporte se suavizaba y esas observaciones o errorcillos desaparecían. A veces la esposa de algún visitador médico, me regalaba un frasco de huevos chimbos, muy dulces para mi paladar. Siempre los dejaba en el hotel, primero porque era un fastidio  llevarlos dentro del avión y la verdad es que sospechaba que querían envenenarme, ya que más de una vez mis reportes encontraban un grave error (léase irregularidades administrativas) de trágicas consecuencias.

Cuando el día era corto y no concluía con mi trabajo,  me tocaba pernoctar en el Hotel del Lago. El clímax era comer una ración de tequeños con kétchup y tomar unas cuantas cervecitas Regional, en el área de la piscina observando el atardecer sobre el lago. Que cerveza tan buena y tan diferente a la de Polar, en los 80 toda la ciudad estaba con unas vallas de la Regional de una mujer rubia con un biquini rojo…los afiches no mostraban el rostro, pero les aseguro que yo me imaginaba más de una cara.

Una vez, en uno de tantos viajes, el supervisor de ventas de apellido Peña, un gerente con un corazón muy noble, me busca al hotel para llevarme al aeropuerto de La Chinita. Cuando llegamos, me dice con ese acento tan típico de los Zulianos: “Jorge, veni que te tengo una sorpresa”, y saca de la maleta del carro un Chivo recién sacrificado…el animal estaba completo, limpio, envuelto en una bolsa plástica transparente con sangre. Pesaba por lo menos 15 kilos. Claro está, no pude aceptar ese magnífico obsequio, a pesar de la insistencia del Sr Peña que me decía que era fácil prepararlo con coco. Además amigos, como metías tu este cabrito en tu freezer, cuando la mitad ya estaba ocupado por dos bandejitas para hacer cubitos de  hielo.

En fin, después de dos días en Maracaibo, terminabas hablando Maracucho y llegabas a la oficina diciendo “que molleja” y  “primo” a todo el mundo. Cuando llegue a casa le conté a mi madre lo acontecido con el Chivo, creo que nunca me perdonó no haberlo traído.

Después de todos estos años todavía tengo la viva imagen del ensangrentado chivo, y me sigue atormentando la duda si el obsequio era un mensaje oculto o místico. Sera que el animal que querían regalarme era un chivo expiatorio?…será verdad que chivo que se devuelve se desnuca?..pero queridos amigos, a veces siento, que me he quedado sin el chivo ni el mecate.

Saludos Yurassicos

YUra

El Chivo y los Huevos Chimbos. Yurassiclas del 18 de Agosto 2010.

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