The six egxxxs…Segunda parte.

Estimados @amigos

♫♪Money, it’s a gas

Grab that cash with both hands and make a stash♫

Así comienza esta clásica pieza de 1973 “Money” de Pink Floyd del álbum “The Dark Side of the Moon”. Y “Money” era lo que queríamos hacer cuando mi amigo Héctor y yo compramos la destartalada estación de gasolina.

Cuando por fin nos dieron las llaves del abasto o como se le dice aquí “convenience store” que venía con la gasolinera, nos dimos cuenta de que en el enorme cooler además de unas pocas latas de cerveza se encontraban alimentos a punto de expirar, entre ellos dos docenas de huevos.

Mi socio e ingenioso amigo Héctor, tuvo la brillante idea de llevar los huevos a su casa y sancocharlos, llegando al día siguiente con  un letrero vistoso en el que se leía:

Boiled Eggs: 1 US $

Huevos Sancochados

Ese día, nos estrenamos como bomberos vendiendo huevos duros y el éxito fue inmediato.

Me alegró ver que los jardineros, la mayoría latinoamericanos e indocumentados, comenzaron a cambiar su dieta cuando venían a las seis de la mañana a comprar su desayuno o merienda. En vez de las grasosas y poco saludables papitas fritas y otros tipos de comida basura, salían con la mejor proteína rica en vitaminas y minerales, gracias a los huevos duros de Héctor.

Un día apareció un individuo extremadamente obeso, me imagino que cuarentón, aunque la gordura hace difícil calcular la edad. El hombre tardaba más de cinco minutos en salir del carro y luego con un paso muy cansón entraba al mercado de la estación. Tenía algo de canas,  y  unas llagas con pus en los brazos y piernas. Vestía unos bermudas de una talla inmensa, una franela manchada que lo hacía ver sucio y descuidado.

Se dirigió directamente hacia el cooler para sacar una botella de “Pepsi Cola Diet” de dos litros y al dirigirse al mostrador se paró en seco al leer el anuncio de los huevos duros. Inmediatamente “Sin pensarlo dos veces” como el título de esa canción de despecho de Guillermo Dávila, el gordo agarró y compró seis huevos.

A partir de ese día llegamos a ver a nuestro “Gordo” todas las mañanas. Este curioso sujeto se convirtió en uno de nuestros clientes más fieles y cumplidores.

Callado, para no mostrar su vulnerabilidad o pérdida de autoestima, nunca conversaba, solo iba por sus seis huevos y su Pepsi Cola de dos litros.  Al principio prefería no mirarlo por lastima pero al final la compasión pudo más y comencé  a tratar de romper su cascara de huevo, perdón, quise decir su muro de protección.

No puedo evitar, recordar a este “gordo” sin escuchar la divertida tonada de los Beatles: I am the Walrus, (Yo soy la morsa).

 ♫♪ I am the eggman, They are the eggmen.

I am the walrus, goo goo g’joob goo goo g’joob goo goo g’joob ♪♫

Para hacerlo sentir bien recibido, todas las mañanas, le teníamos preparados en una bolsita de papel sus seis huevos duros y la Pepsi Cola. Claro está esto me ocasionaba cierto estrés. Igual que los condones era  una venta segura y aunque Héctor y yo nos alternábamos esa difícil tarea, más de una madrugada mi querida esposa Betzy tuvo que sancochar los huevos, como me imagino, también Ana María la esposa de Héctor.

El tiempo iba pasando, nunca le preguntamos al “Eggman” si se comía él solo los seis huevos?, sería su desayuno?,  los repartía durante el transcurso de su rutina diaria? o terminarían en la nevera de su casa? Tampoco llegamos a saber su nombre o profesión aunque nunca dejó de venir por sus huevos.

Nos olvidamos del Mr. Eggman cuando comenzó nuestra guerra legal con la Shell y en ese último día  en que  estábamos clausurando la estación de gasolina fatigados  por el trabajo físico de recoger el abasto y con todo el estrés emocional que representa cerrar una empresa recién abierta; entró el “gordo” tambaleándose por la puerta.

Tenía tiempo que no lo había visto, no lo recordaba tan adiposo, y ya la canción de los Beatles no parecía tan divertida ni adecuada.

Nuestro cliente rechoncho transpiraba, sus llagas grandotas se veían peor y su aura muy gris. Le acercamos la única silla y esperamos que recuperara un poco el aliento. Con voz trémula casi un susurro y lágrimas en los ojos nos comentó que le quedaban pocos días de vida, estaba enfermo de muerte y era su última visita, se estaba despidiendo. Y yo, no tenía los huevos duros ni las palabras de consuelo.

Al final del día, moralmente destrozado, frustrado por un fracaso involuntario e impotente contra la vagabundería de la Shell, la despedida de Mr. “Eggman” fue un recordatorio de que hay mucha gente en peor situación que uno.

No volví a ver a este obeso personaje sin nombre y sus seis huevos, pero en momentos difíciles suelo recordarlo y me doy cuenta de que soy un “Lucky man” como cantaba Emerson, Lake & Palmer en los setenta. Hay personas que simplemente aparecen en nuestra vida y nos marcan para siempre.

Amigos, de todo corazón Betzy y yo, les deseamos una muy Feliz Navidad,  Próspero Año y Felicidad.

Un saludo YUrassico

YUrassiclas……Los seis egxxxs Parte II….Diciembre 2012

 

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