The six egxxxs. Primera parte

Estimados @amigos

En ese ardiente verano sin huracanes del 2009, me encontraba sentado ante una larga mesa de madera pulida, impecablemente lustrada que olía a limpiador “Pride”. Al final había un vaso de cristal  con un termo de agua que a pesar de mi sed no me atreví a tomar, no solo por dudar de la higiene del recipiente, sino también para ocultar el tembleque de mis manos a causa de mi nerviosismo.  En la cabecera del mesón, rodeado de textos legales, el abogado especialista en casos criminales me escuchaba con atención.

Lo había observado  llegar al estacionamiento cargando dos perritos de raza poodle que entregó a la recepcionista.  Luchaba por cambiar mi viciosa impresión inicial del sujeto. No soy amigo de los perros, pero siempre he pensado que alguien que quiere a su perro debe ser una buena persona. Lo inaceptable era que este letrado no llevaba paltó ni corbata. En Venezuela todas las reuniones que tuve con los zamuros, perdón, abogados que les decimos “doctores”,  la etiqueta de vestir exigían “distancia y categoría”, como lo promocionaba  con su distinguida voz nuestro inolvidable “musiú” en su publicidad  de trajes “Montecristo”.

Esta fue mi primera reunión con este doctor en leyes que resultó ser, no solo un magnifico jurista, si no también un profesional muy humano. Una vez expuesto mi caso y discutido las diferentes soluciones, tuvimos que esperar unos minutos para recibir un importante documento vía fax. El criminalista aprovechó el tiempo para contarme de como llegó a entrar en la facultada de derecho. Resulta que el defensor se emocionó tanto con la serie de TV: Miami Vice que estudio leyes y terminó no solo ejerciendo en la ciudad de Miami sino también dando clases en la academia de policía. Por cierto Miami Vice ha sido reconocida como una de las series que mas ha influenciado desde el inicio de la televisión.

En lo personal este programa  que salió en 1984 también a mi me fascino, empecé  a tener curiosidad sobre la ciudad de Miami  y tratar de entender a este grupo fuera de mi alcance que llamaban los “Mayameros”..dame dos. Tomaba prestada la lancha de mi temido suegro los fines de semana en los Canales de Rio Chico y con mi querida esposa en sexi bikini,  imaginaba persecuciones  a gánsteres al estilo de Don Johnson (Sonny) y hasta a llegué a comprar unos pantalones de “Lino” blanco como los usaban en la dichosa serie. Por cierto, nunca llegue a usarlos …por introvertido.

Después de tanto navegar por  Rio Chico, Los Canales, Paparo, Flor de Mayo, El Jobo y por el canal del MOP, esta primorosa y potencial zona nunca  se convirtió en Miami Beach pero los malandros si terminaron persiguiéndome, y hasta un tiro me echaron.

Ya teníamos una hora y media en la reunión, el minutero avanzaba implacablemente, no solo pensaba en la factura que iba a recibir si no también me recordaba de esta gran canción de Coldpay: Clocks (2003)

♫Confusion never stops

Closing walls and ticking clocks♪♫

Haciendo “small talk” como dicen aquí, esperando el latoso facsímil de la corte del condado de Palm Beach, terminé contándole una de mis primeras experiencias al llegar a EEUU. Con mi espantoso Ingles que ha sido mi tormento y mi terrible pronunciación le dije que le iba a contar un cuento: “The six egxxxs”. El regordete y simpático abogado abrió la boca sorprendido y solo la llegó a cerrar al final del relato.

 The six egxxxs. Primera parte.

Lunes, cuatro de la mañana, manejando por la oscura carretera “State Road 7” hacia la ciudad de Margate, una punzada encima de mi ceja izquierda no deja olvidar mi fatiga. Hay poco trafico pero me encuentro con muchos semáforos en rojo, llevo retraso ya que esta semana me tocaba sancochar los huevos y como buen criollo lo deje para ultimo momento, como el titulo de esa balada de Phil Collins “Why can’t it wait till morning”.

Llego a nuestra estación, aparto dos bultos de 25 periódicos cada uno, el Nuevo Heraldo y el Sun Sentinel de Broward que me obstruyen el paso. Al abrir la puerta me pega el inconfundible frio olor de una mezcla dulzona de cartón mojado, tabaco, chicle, sudor de sobaco, café, cerveza, encierro y a pobreza.

Voy corriendo hacia la parte de atrás donde suena una alarma y el printer térmico escupe su reporte rutinario del inventario de los tanques subterráneos.  Ese julio del 2002 el precio del galón de gasolina oscilaba entre 2.30 y 2.55 US $ aproximadamente.

Una de mis primeras aventuras al llegar a EEUU buscando el sueño Americano fue comprar una estación de gasolina “Shell” con mi gran amigo Héctor. Desde el principio hicimos una buena llave como los audaces protagonistas de “Miami Vice”.

Héctor además de ser inteligente y prudente, habla el ingles como dicen los americanos “fluently”. Mis amigos al enterarse de esta inversión dieron comentarios que sonaban a esa interesante canción que escuchamos después del asesinato de su autor John Lennon en 1980 “ Watching the Wheels”. Una estrofa dice asi:

♪♫People say I’m crazy doing what I’m doing

Well they give me all kinds of warnings to save me from ruin

When I say that I’m o.k. well they look at me kind of strange♫

El anterior dueño de la paupérrima estación de gasolina era un yugoslavo que emigró a los EEUU después de la guerra de Kosovo. Estaba situada en una esquina privilegiada con gran tráfico de doble acceso por dos avenidas importantes y rodeadas de una población numerosa, multicultural pero de bajos recursos.

Una vez prendidas las luces me refugio rápidamente en la oficina de atrás o como dicen los banqueros la “Back Office” a contar el dinero del día anterior y preparar su deposito. Era una responsabilidad mía y como ex tesorero tenía un método bien chévere compuesto de ligas de distinto color con las cuales agrupaba los billetes de las diferentes denominaciones. Esto facilitaba enormemente el trabajo de las chicas del Bank of América de enfrente, las cajeras hasta recomendaban a sus clientes seguir mi método.

Esa misma tarde estando yo detrás del mostrador entra al abasto o como se le dice aquí al “Convenience Store”  un tipo grande, moreno con cara de matón como bien describe Rubén Blades  en su canción: Pedro Navaja

♫♪Con el tumba’o que tienen los guapos al caminar,

las manos siempre en los bolsillos de su gabán

pa’ que no sepan en cuál de ellas lleva el puñal.♫

y en voz baja me dice: “I need a rubber”. Con prontitud y como dicen los textos de mercadeo: “customer service”, saco mi caja de liguitas de diferente color ofreciéndoselas y amablemente le digo: “It’s free for you”. Pero  Pedro Navaja se cruza de manos resaltando un extraño tatuaje en su bíceps y ahora en forma un poco mas agresiva repite: “Do you have a rubber?”. Menos mal que estaba mi socio Héctor al lado e inmediatamente controló la peligrosa e incomoda situación. El  Pedro Navaja lo que quería era un condón y así fue amigos míos, aprendí para siempre lo que significa “rubber” en los bajos fondos. El condón marca “Magnum” que venia en una empaque negro con un sello dorado y en la parte posterior se leía “Extra large” fue el elegido por el individuo. De hecho se convirtió en un cliente fijo. Todos los días jueves venia religiosamente a comprar su rubber “Magnum XL”. Cuando hacia el pedido de preservativos entre muchos otros productos al distribuidor, siempre estaba pendiente que no se me olvidara pedir estos importantes condones.

Así como Pedro Navaja había una gran cantidad de usuarios regulares y hasta algunos tenían su surtidor favorito.

Y aquí estoy amigos míos como ese tremendo éxito de los Darts de 1968 “Ahora es tarde” que comienza asi:

♫No se como pudo ser, no se que pudo pasar ♪

y no terminé de contar lo que quise contar…

así que, ya ven, continuaré la próxima semana.

 Un saludo Yurassico

YUra

YUrassiclas….The six egxxss. Parte I. Octubre 2012

Share
This entry was posted in Boca Raton, Historias, cuentos, Musica. Bookmark the permalink.

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *

Protected by WP Anti Spam