Media Hora

Cortesia: Chad Barr

Estimados @amigos

Son apenas las cinco y media de la mañana, el olor fresco del eucalipto despierta mis sentidos,  una vez más el cielo promete convertirse en ese azul intenso. Normalmente cuando me levanto temprano y veo la esfera del sol naciente me siento dueño del mundo pero hoy no,  ya estoy transpirando profundamente y siento mi espalda mojada. Las correas de cuero me aprietan y las gotas de sudor empiezan a permear a través de mi gorra deslizándose por mi larga melena. Hace unos minutos tropecé por no estar atento en la penumbra pero una linterna es un lujo que no puedo permitirme. La hora más oscura es siempre y justo antes del amanecer. Distingo la sombra de mi guía a cuarenta metros mas arriba, un ex miliciano, marchando a buen trote al borde del sendero; tengo que apurar el paso, pero de repente, me encuentro con la ya conocida pared psicológica que convierte mis pies en plomo.

Aquí tengo que parar, no solo para  tomar un trago de agua metálica de mi cantimplora, sino también para controlar mi acelerado pulso y aprovechar  para recordarles esa magnifica obra : “ The Wall” ,  de Pink Floyd, que salió al aire en 1979.  Resuena el tema “Another brick in the Wall”, me niego ser un ladrillo mas y trato de atravesar como un espíritu los bloques de la dichosa pared.

♪I don’t need no arms around me

and I dont need no drugs to calm me.

I have seen the writing on the wall. ♪

Esta pared que aparece de improviso viene acompañada de una fatiga muscular, un desgano repentino y lo peor, te sientes confundido y desanimado. Hace unos minutos, un poco mas abajo en las faldas de la montaña, estaba convencido de estar en muy buena forma.

Estos síntomas, conocidos y temidos por los excursionistas, se atribuyen al agotamiento rápido de la glucosa,  afectando nuestro estado de ánimo y la delicada química de nuestro cerebro.

Respiro hondo escuchando despertarse Caracas a mis espaldas . A esa hora todavía la niebla matutina se pega a tu piel y a tus ojos. Me concentro en las hojas aplastadas por el rocío, acomodándome  el pesado morral  y en un par de minutos, jadeando un poco, recupero la distancia perdida.

En ese amanecer templado, un poco húmedo, sintiendo la bajada de “Pacheco” (1) con la luna todavía iluminando el estrecho camino,  estaba algo molesto por que una vez mas mi guía, el Sr. Neumann, me puso a cargar el paquete que pesaba unos dos Kilos y venia envuelto en papel periódico con dos gruesas ligas. Esto se estaba convirtiendo en rutina. Él por su lado llevaba un paquetico mucho mas liviano envuelto en plástico verde, como ese sencillo de 45 rpm con la canción: “Little Green Bag” de George Baker que bailábamos en 1970.

Llegamos a la estación del guardabosque “Sabas Nieves” en el Parque Nacional el Ávila, escuchando las alteradas e histéricas Guacharacas y los Querrequerre tomando agua del bebedero. Dentro del interior de  la vivienda se vislumbraba la tenue luz de una lámpara de kerosene.  Después de los acostumbrados saludos al Sr. Nieves y compartir el aromático cafecito sin azúcar, le entrego a este dedicado servidor el dichoso paquete. En él había: una botella de ron, unas cajetillas de cigarrillos  marca “Fortuna”, velas, fósforos y algunas pastillas de nombre “Cafenol”. El Sr. Neumann por su lado, de una forma mas discreta  le entregaba el “Little Green bag”.

No fue si no después de muchas subidas al mágico Ávila que el ex soldado checoslovaco, el Sr. Neumann, me confió el contenido del paquetico verde. En el refugio “No te apures” me murmuró  que en el  mismo había unos cartuchos de escopeta  que él compraba en la tienda de nombre “Guariquito” situada al frente de la Plaza Altamira.  Para esa época ya sonaban cuentos raros de ovnis, santería, chupa cabras y hasta de unos hippies que se instalaron en el refugio “Sebucán” y esto preocupaba a los guardabosques del cerro de mi ciudad.  Suena a  canción de Ilan Chester:

♪ Voy de Petare rumbo a la Pastora

Contemplando la montaña que decora mi ciudad

Ávila Cerro el Ávila♪

Aunque ha habido grandes pintores del Ávila, poetas  y fotógrafos, Ilan  ha sido el único canta autor que le ha dedicado una melodía al Cerro el Ávila y fue un éxito en 1983.

Una de mis primeras excursiones a esta zona montañosa de la Cordillera de la Costa fue en 1965 y pareciera que fue ayer.  En esa oportunidad subimos el Sr. Layo Neumann, su esposa Isabel y mí amigo de la infancia Rómulo por el teleférico hasta el hotel Humboldt ya que los adultos habían decidido que era más fácil para nosotros “los chamos” bajar por el cerro  y llegar a la estación  de  Maripérez, donde nos esperaba el carro. O sea, la excursión comenzaba de arriba para abajo.

Este primer paseo fue algo traumático. Todo iba bien cuando bajando apenas a solo unos minutos de la estación del teleférico el Sr Layo nos indica que nos adentremos por una trocha a mano izquierda. Estaba cubierto de neblina, a veces se formaban unos huecos entre las nubes dejando ver por segundos a Caracas. La belleza era sobrenatural, no se escuchaba el ruido de la capital y fue allí cuando de repente me  encontré con una señora de rodillas rezando. El Sr. Layo, colocándome su mano en mi hombro,  me indicó que hiciera un silencio respetuoso.  Mas abajo entre los helechos húmedos un individuo estaba excavando dentro de la vegetación. No entendía nada, que estaban haciendo estas personas metidas en el monte? La Sra. Isabel me señaló la placa dedicada a las 25 personas fallecidas en el accidente del avión de Aeropostal que venia de EEUU y que se estrelló en este sitio en 1956. El Sr Layo nos contó que antes se podían encontrar partes del fuselaje, los motores y hasta las hélices,  pero que el sitio fue poco a poco desvalijado por los dolientes y otros no tan dolientes que se llevaban las piezas como recuerdos. Como nota curiosa el Sr. Layo trabajó por varios años en la recepción del Hotel Humboldt.

Bajamos todos en silencio hasta Caracas, yo me sentía apesumbrado  y creo que fue la primera vez en mi niñez de tener una experiencia tan cercana con el  “mas allá”. Puede ser esto la explicación a mi aerofobia  y la razón por la cual he tenido que drogarme para montarme en los aeroplanos en mis obligados viajes de trabajo. No le veía el chiste a que la gente llamase “Aeromortal” a la línea Aeropostal. Mis amigos pilotos viven afirmando que volar en avión es muy seguro, pero la cifra de tragedias de la línea Aeropostal entre 1956 y 1993 pone en duda esta aseveración y mis pelos de punta. 

Queridos amigos disculpen mis saltos en el tiempo, comencé esta narración  subiendo el cerro de adolecente en 1972,  atravesé la pared de Pink Floyd en 1979, bailamos el “Little Green Bag” en 1970, cantamos con la devaluación la canción del Cerro Ávila en 1983, me acerqué al “mas allá” por primera vez en 1965  y ahora, hoy 12 de Abril del 2012 recordando el golpe de estado del 2002,  vi una noticia  en la prensa que me llamó la atención y que justamente tiene que  ver con nuestro Ávila. No solo me sorprendió la improvisación de las medidas  publicadas  sino también el silencio por parte de los grupos  excursionistas de Caracas y amigos del cerro.

A continuación parte del texto impreso:

 -El Tribunal 26° de Control del AMC (Área metropolitana de Caracas) acordó el control permanente y la vigilancia de los espacios del Parque Nacional por parte de los funcionarios  de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana.

– Asimismo, los efectivos castrenses conjuntamente con el Instituto Nacional de Parques (Inparques) podrán revisar a todas las personas que ingresen a los referidos espacios con bolsos, morrales, koalas, así como cualquier otro instrumento en el que se puedan ocultar objetos y sustancias inflamables o acelerantes que podrían originar incendios en la vegetación. (ni los niños se salvaran de la revisión).

– Igualmente, los funcionarios antes mencionados deberán realizar recorridos continuos dentro del Parque a fin de verificar el cumplimiento de las medidas.

– También se solicita establecer puntos de control y observación para la detección temprana de incendios en la vegetación…..(Creo que para eso están los Guardabosques!)

– Vale señalar que las medidas anteriormente descritas no serán aplicables a las personas que habitan dentro del Parque Nacional”. (Menos mal que a las rancherías no las van a tocar).

….no tengo más comentarios.

De tantos brincos a través del “Time Tunnel” (serie de TV de los sesenta) me he desviado en la última “Media Hora” y en este largo camino, el tiempo se ha ido, como dice la poderosa canción de Crosby, Still & Nash:

It’s been a long time comin’

It’s goin’ to be a long time gone.

No me dio chance de escribir sobre este ex soldado checoslovaco que dedicó muchas de sus media horas en estas subidas que nos hicieron mejores excursionistas  descubriendo  la magia de esa montaña que conocemos como el  Cerro el Ávila

“Media  hora” continuará.

 Un saludo Yurassico

YUra

(1)   Cuando pega el frio.

Media Hora……..Yurassiclas Abril 2012

 

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3 Responses to Media Hora

  1. Juan Francisco Misle says:

    Otra entrenida e interesante historia de YUra, nuestro admirado Capitán de Kayak. Como ya es costumbre, Yura nos evoca con creciente maestría una serie de lugares, situaciones, canciones, y personajes que son muy próximos a los caraqueños, y muy particularmente, aquellos que nos aproximamos (o hemos pasado) la cumbre de los 50 años de edad. Si alguna vez se escribiése la historia sobre cómo era la ciudad de Caracas entre los años 70 al 90 del siglo XX el historiador se daría un banquete con las crónicas (les petite histoire) de mi amigo YUra.
    JUan F Misle

  2. Sonia G V says:

    Muy bien describes lo del olor a eucalipto, de verdad despierta los sentidos, sobre todo a esa hora, igualmente estimulantes son los otros olores agrestes de nuestra montaña mágica. Lo del agua metálica de la cantimplora me hace recordar del agua, de la poquita que quedaba… y para colmo caliente gracias al calor y solazo cuando uno iba de excursión “por esos montes”, agua caliente con sabor metálico, pero se vale…
    Sonia

  3. Omi Betzy says:

    Querido Jura.

    Recibí tu Yurassiclas Abril 2012 de nuestro querido cerro el Ávila, los indios lo llamaban WARAIRA REPANO.

    Te mando el artículo de Paulo Coelho: Manual para subir montañas.

    ESCOGE LA MONTAÑA QUE DESEAS SUBIR. No te dejes llevar por los comentarios de los demás, que dicen “esa es más bonita”, o “aquella es más fácil“. Vas a gastar mucha energía y entusiasmo en alcanzar tu objetivo, y por lo tanto, eres el único responsable y debes estar seguro de lo que estás haciendo.

    APRENDE A LLEGAR A ELLA: Muchas veces vemos la montaña de lejos, hermosa, interesante, llena de desafíos, pero cuando intentamos acercarnos, ¿Qué ocurre? Que está rodeada de carreteras, que entre tú y tu meta se interponen bosques, que lo que parece claro en el mapa es difícil en la vida real. Por ello, intenta todos los caminos, todas las sendas, hasta que por fin un día te encuentres frente a la cima, que pretendes alcanzar.

    APRENDE DE QUIEN YA CAMINO POR ALLI. Por más que te consideres único, siempre habrá alguien que tuvo el mismo sueño antes que tú. Dejó marcas que te pueden facilitar el recorrido, lugares donde colocar la cuerda, picadas, ramas quebradas para facilitar la marcha, la caminata es tuya, la responsabilidad también, pero no olvides que la experiencia ajena ayuda mucho.

    LOS PELIGROS, VISTOS DE CERCA, SE PUEDEN CONTROLAR: Cuando empieces a subir la montaña de tu sueños, presta atención a lo que te rodea. Hay despeñaderos, claro. Hay hendiduras casi imperceptibles. Hay piedras tan pulidas por las tormentas que se vuelven resbaladizas como el hielo, pero si sabes donde pones el pie, te darás cuenta de los peligros y sabrás evitarlos.

    EL PAISAJE CAMBIA, ASI QUE APROVECHALO. Claro que hay que tener un objetivo en mente, llegar a lo alto. Pero a medida que se va subiendo, se pueden ver más cosas y no cuesta nada detenerse de vez cuando y disfrutar un poco del panorama alrededor. A cada metro conquistado, puedes ver un poco más lejos. Aprovecha eso para descubrir cosas de las que hasta ahora no te habías dado cuenta.

    RESPETA TU CUERPO. Solo consigue subir una montaña aquel que presta a su cuerpo la atención que merece. Tú tienes todo el tiempo que te da la vida, así que al caminar, no te exijas más de lo que puedes dar. Si vas demasiado deprisa, te cansarás y abandonarás a la mitad. Si lo haces demasiado despacio, caerá la noche y estarás perdido.

    RESPETA TU ALMA. No te repitas todo el rato: “Voy a conseguirlo”. Tu alma ya lo sabe. Lo que ella necesita es usar la larga caminata para poder crecer, extenderse por el horizonte, alcanzar el cielo. De nada sirve una obsesión para la búsqueda de un objetivo y además termina por echar a perder el placer de la escalada.

    PREPARATE PARA CAMINAR UN KILOMETRO MAS. El recorrido hasta la cima de la montaña es siempre mayor de lo que pensabas. No te engañes, ha de llegar el momento en que aquello que parecía cercano está aun muy lejos. Pero como estás dispuesto a llegar hasta allí, eso no ha de ser un problema.

    ALEGRATE CUANDO LLEGUES A LA CUMBRE. Llora, bate palmas, grita a los cuatros vientos, que lo has conseguido, deja que el viento allá en lo alto purifique tu mente, refresca tus pies sudados y cansados, abre los ojos, limpia el polvo de tu corazón.

    HAZ UNA PROMESA. Aprovecha que has descubierto una fuerza que ni siquiera conocías y di que a partir de ahora, y durante el resto de tus días, la vas a utilizar. CUENTA TU HISTORIA. Di a todos que es posible, y así otras personas sentirán el valor para enfrentarse a sus propias montañas.

    Muchos saludos, siempre disfruto tus escritos,

    Omi Betzy

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